niños endemoniados de Illfurt

Los niños endemoniados de Illfurt

Una familia francesa, vivió la peor experiencia de sus vidas. Dos de sus hijos parecían estar poseídos por demonios. Así fue como su historia, los convirtió en los niños endemoniados de Illfurt

Los niños endemoniados de Illfurt

El inicio de la pesadilla

En 1864, en el pequeño pueblito francés, Illfurt, vivía una familia sencilla, compuesta por los dos padres, y cinco hijos. El padre de familia, trabajaba como vendedor ambulante para llevar comida a su casa, mientras su esposa cuidaba de sus hijos pequeños. Durante aquel año, dos de sus hijos menores, Joseph de nueve años y Teobaldo de ocho, enfermaron gravemente, pero ningún médico de los tantos que consultaron, logró encontrar la causa de su enfermedad.

Durante un año, los niños permanecieron en cama, presentando alucinaciones, mientras su piel dejaba ver cada vez más, una apariencia cadavérica. De un momento a otro, los niños empezaron a tener comportamientos extraños, echados sobre su espalda, caminaban y se revolvían con gran agilidad. También golpeaban con una fuerza estrepitosa los muebles, sin mostrar ningún dolor o cansancio a pesar de parecer débiles físicamente. Cuando alguno intentaba preguntarles el por qué de su comportamiento, se revolvían casi convulsionando, de repente se quedaban rígidos casi como muertos y así podían durar horas.

Su apetito era insaciable, devoraban toda la comida que encontraban a su paso, al punto de hincharles el vientre, mientras este mostraba como algo se revolcaba dentro, queriendo salir. Había momentos en que juntaban sus piernas como dos barras de acero entrelazado, pues al intentar separarlas una de la otra, con toda la fuerza, era imposible lograrlo.

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Las manifestaciones

Teobaldo, manifestó una presencia demoníaca que se le aparecía, la cual consideraba como su «maestro». Su apariencia era aterradora, tenía cabeza de pato, uñas de gato, pies de caballo y su cuerpo estaba cubierto de un espeso y horrible plumaje. Muchas veces Teobaldo, lo veía sobrevolar por encima de él, mientras este espíritu le amenazaba con ahogarle, así que Teobaldo en un acto de defenderse, se lanzaba sobre él para arrancarle las plumas, ante la mirada incrédula de su familia y otros testigos, que no podían ver nada, más que a un niño peleando con alguien invisible.

Para confirmar que lo que veía Teobaldo era real, le entregó varias de las plumas que logró arrancarle al demonio, a testigos y religiosos. Estas plumas tenían un olor fétido y eran de apariencia desagradable. Así que, en un intento por deshacerse de ellas, las tiraban al fuego, pero ante su sorpresa, estas no se quemaban.

En otras ocasiones, mientras lo niños estaban sentados en sus sillas, una fuerza invisible los levantaba en el aire, para luego tirarlos uno a cada lado de la habitación. También, se quejaban de intensas picaduras en todo el cuerpo, cuando quitaban su ropa, aparecían plumas que le estaban picoteando la piel y algas abrazando su cuerpo. Era inútil, cambiarles de ropa, el suceso ocurría constantemente.

Estos acontecimientos, fueron ampliamente difundidos entre los vecinos del pueblo, hasta llegar a oídos de personas que vivían en lugares muy lejanos. Estas personas recorrían largos trayectos, para llegar a la casa de los niños endemoniados de Illfurt, y ver por si mismos, que tan cierto era lo que rumoreaban sobre ellos.

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El exorcismo de los endemoniados de Illfurt

Los padres, solicitaron al servicio religioso para valorar a los dos niños. Cuando los religiosos aplicaban agua bendita, o invocaban el nombre de Jesús y la Virgen, los niños se revolcaban con gran furia en sus camas, mientras varias personas les sostenían con fuerza para que no atacara al sacerdote. En medio del ritual, voces gruesas y escabrosas salían de ellos, aunque los niños no abrían la boca para hablar. Incluso las voces, hablaban en otras lenguas, ya que pudieron comunicarse con los religiosos en inglés, francés, latín y dialectos españoles; lenguas que los niños no conocían previamente.

Ante los comportamientos violentos y demoníacos de los niños, los sacerdotes tomaron con seriedad el caso. Así que en el año 1969, Teobaldo, fue trasladado al Orfanato de San Carlos, en el que fue exorcizado por el cura Souquat, junto a cinco eclesiásticos, seis religiosas y la madre del niño. Durante el ritual, la voz demoníaca gritó frases como: «Cánalla, fuera de aquí», «Sal de la pocilga asqueroso…No quiero». La sesión duró varias horas, pero el cansancio físico del cura, obligó a suspenderla.

En la siguiente sesión, Teobaldo fue amarrado con camisa de fuerza a una silla, aunque era casi imposible retenerlo. Después de horas intensas, el cura logró liberar al muchacho de lo que parecían ser dos demonios que lo poseían, uno llamado Oribás y otro Ypés.

En cuanto a Joseph, el ritual exorcista fue llevado a cabo por el párroco Brey, quien logró también liberar al niño de la presencia demoníaca.

Al final, los niños regresaron a su casa, sin recordar absolutamente nada de lo sucedido, ni los rostros que oficiaron los rituales exorcistas.

Sobre este caso, se habla en el libro “El diablo. Sus palabras y sus actos en los endemoniados de Illfurt, Alsacia; según documentos históricos”, escrito por el Padre Sutter en Turín en 1935.

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