Torturas en la Santa Inquisición

Durante la Santa Inquisición se cometieron las peores torturas nunca antes vistas. Muchas personas pagaron con su vida el ser diferentes ante una sociedad religiosa que no practicaba el amor y el respeto que decían profesar, llevándolos a ingeniar diferentes métodos y técnicas crueles, que hicieran sufrir a los prisioneros con el fin de confesar o simplemente condenandolos a una muerte larga y tortuosa.

Las 10 torturas más horripilantes de la Inquisición

El potro

El potro. Torturas de la Santa Inquisición
Representación en museo de cera sobre las torturas en la Inquisición

Esta tortura consistía en colocar al acusado en una camilla de madera, se le amarraban los brazos y los pies, con una soga, la cual iba amarrada a un tubo de metal que se movía con dos palancas a los costados, esto hacía que al rotar la palanca, halara con la soga las manos y los pies, causando que los huesos se dislocaran, incluso después de estirar al máximo (hasta 30 centímetros), los miembros podían llegar a desmembrarse. Esta tortura buscaba que el acusado confesara lo que los inquisidores deseaban escuchar, en el caso contrario, se dejaba días al reo, estirando un poco más cada día, hasta que finalmente moría.

La Sierra

La sierra. Torturas de la Santa Inquisición

Se podría decir que es uno de los castigos más brutales que se podían ejecutar. Usualmente se usaba para mujeres que se les acusaba de estar embarazadas de Satanás. La tortura consistía en colocar la persona colgada boca abajo, sostenida por los pies con una soga, para luego colocar una sierra en medio de sus piernas, la cual sostenían dos personas, una a cada lado, empezando a mover de lado a lado para ir cortando la carne hasta llegar al vientre. La posición invertida, hacía que el cerebro no perdiera oxigeno, por lo que la acusada podría mantenerse consciente todo el tiempo de su tortura hasta que la sierra llegaba a su pecho.

El tormento del agua

Tormento de agua. Torturas de la Santa Inquisición
Fuente: s217.photobucket.com | Alfonso Navarrete

Esta tortura consistía en colocar al acusado en una mesa, se amarraba de tal manera que no pudiera moverse, se le tapaba la nariz, se le abría la boca con una pieza de metal para que no la pudiera cerrar y se le introducían varios litros de agua. La sensación de ahogamiento era insoportable, al querer respirar y tragar al mismo tiempo que el agua se iba a los pulmones, causando el ahogamiento, sin embargo, muchas veces el acusado no moría de esta forma, sino que el estomago acumulaba tanto liquido que finalmente se distensionaba o generaba una ruptura en el estomago, causando la muerte.

La doncella de hierro

Doncella de hierro. Torturas de la Santa Inquisición

Esta tortura consistía en introducir a la persona dentro de un sarcófago, que tenía varios pinchos metálicos en su interior, cuando se cerraba se introducían en el cuerpo del prisionero. Esta tortura rara vez producía la muerte inmediata del prisionero, puesto que aunque parezca que los pinchos son bastante largos, estos nunca atravesaban por completo el cuerpo, por lo que duraban días desangrándose hasta morir.

La pera de la angustia

La pera. Torturas de la Santa Inquisición.

Como su nombre lo indica este instrumento tenía forma de pera, se introducía en la boca, la vagina o el ano de la victima, el lugar se elegía dependiendo de la acusación del preso: si era un hereje, se le introducía en la boca, si era una mujer que había tenido relaciones con Satanás o con alguno de sus familiares se introducía en la vagina, si era un homosexual se le introducía en el ano. La pera se introducía por la cavidad elegida, se expandía girando un tornillo, esta contaba con unas puntas que al abrirse desgarraban la carne, causando mutilación y por ende hemorragia que llevaba al preso a la muerte.

La garrucha

En la vieja Europa se le llamaba como estrapada, pero en España adquirió el nombre de garrucha. Esta tortura es similar al potro solo que con una técnica diferente. Consistía en amarrar con un solo lazo los brazos del preso por detrás de su espalda, se levantaba con una polea varios metros del suelo, dejando al preso colgando por sus muñecas, posteriormente se dejaba caer al preso, sin que tocara el suelo, causándole descoyunturas y dislocandole la clavícula. Si el preso seguía sin confesar, se sumaba un objeto a esta tortura: mientras que sigue colgado, se le amarra por los pies, hierros de cuarenta y cinco kilogramos , repitiendo el mismo proceso anteriormente descrito. Si después de esta última tortura el prisionero seguía sin confesar, se bajaba,colocando en una plataforma en donde le quebraban las piernas y los brazos hasta que finalmente moría. En el improbable caso que sobreviviera, el prisionero era estrangulado y quemado.

El toro de Falaris

Para esta tortura se utilizaba un becerro hecho de bronce, el cual tenia una abertura en su vientre, en donde se introducía al prisionero, se cerraba la compuerta para que no pudiera salir y se prendía una hoguera justo debajo del animal. Los gritos y gemidos de los prisioneros, daban la impresión que el becerro mugía. El prisionero moría carbonizado dentro del artefacto.

Se dice que Perilo, el creador de este instrumento, mostró su creación a Falaris, un tirano, y este mando a sus súbditos a que introdujeran a Perilo para probar que tan eficiente era; de esta manera el creador murió por su propio invento.

El aplastacabezas

Este instrumento era utilizado en la edad media, para quebrar los huesos del cráneo del acusado. Se colocaba la barbilla del prisionero en la base de metal inferior y se colocaba el casco de metal en la cabeza, este se empujaba con un tornillo hacia bajo ejerciendo presión, quebrando los huesos del cráneo y la barbilla. Debido a la presión muchas veces los ojos se salían, y el cerebro se escurría por las cavidades vacías de los ojos.

El caballo de madera

Fuente: ilcancello.com – Publicado en Abril 18 de 2008

Esta tortura se realizaba con un instrumento de madera que tenía forma de pirámide sostenido con dos patas adelante y atrás en forma de caballo, la punta que daba hacia arriba estaba afilada y aveces le colocaban púas para incrementar el dolor. La forma de torturar era montando al prisionero sobre el caballo de madera, totalmente desnudo, le amarraban las manos para que no se pudiera sostener, en los pies se le amarraban dos pesas de varios kilogramos, causando que los genitales se rasgaran de tal forma que morían desangrados.

La rueda

Simulación de la rueda en cera.

Para esta tortura se utilizaba la rueda de una carroza, se tomaba al prisionero al que le quebraban todos los huesos del cuerpo inicialmente, para luego colocarlo en la rueda y envolver con sus miembros rotos, como si se tratara de un pulpo, que le permitiera sostenerse por si solo. La escena era bastante dantesca, pues mucho de los huesos se salían de la carne dejando solo musculo y piel que se retorcían aún más entre los postes de la rueda. Posteriormente de haber colocado al prisionero en la rueda, se levanta con una base de balo a un par de metros del suelo, con el fin que las aves carroñeras, se acercaran y comieran la carne blanda como ojos y carne expuesta. El prisionero podría durar dos días con vida hasta que el dolor, no le permitiera vivir más.

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